Germán Araneda Sánchez, Jefe de Ingeniería de Ejecución en Prevención de Riesgos en UNAP Sede Victoria: el valor de la prevención de riesgos ante la actual pandemia por Coronavirus COVID-19

Artículo dirigido a entregar medidas y recomendaciones desde la disciplina

En enero de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el brote de una nueva enfermedad por Coronavirus en la provincia de Hubei, China, como una Emergencia de Salud Pública de relevancia internacional. El 11 de marzo, se declaró oficialmente una pandemia por Coronavirus COVID-19, esto luego de haberse propagado la infección a una gran cantidad de países del mundo, y continuando el 3 de marzo, cuando se diagnosticó el primer caso en Chile.

Al momento de escribir esta nota –el 13 de abril-, nuestro país ha pasado la barrera de los 7 mil infectados con COVID-19, pese a los grandes esfuerzos que se encuentran realizando las autoridades para evitar la propagación del Coronavirus. De momento, y ante la ausencia de una vacuna o fármaco específico para detener y tratar esta enfermedad, la mejor estrategia que se viene aplicando son las llamadas medidas de prevención, como cubrir el mayor número posible de pruebas diarias, a fin de determinar el número real de contagiados, además de aislar a la población mediante el distanciamiento social, sumado a todas las precauciones higiénicas de prevención del riesgo de contagio.

En este contexto, como profesional de la prevención de riesgo, centro mi atención en una de las disciplinas que fundamentan esta área del conocimiento: me refiero a la Higiene Ocupacional, cuyo propósito es anticiparse y prevenir aquellos factores que pudiesen ser causa de enfermedad en los trabajadores y que, sin duda alguna, en su esencia cobran relevancia ante el escenario actual del cual somos testigos y que nos ha correspondido vivir.

El término higiene proviene del vocablo griego Higía, el cual alude a la diosa de la mitología griega del mismo nombre, la que era diosa de la salud, la limpieza y el saneamiento.

La Higiene Ocupacional es una ciencia y arte que colabora con la Salud Pública y específicamente con una rama de esta que se conoce como Salud Ocupacional, cuyo objetivo es la promoción y mantenimiento del más alto grado de bienestar físico, mental y social de los trabajadores en todas las ocupaciones, esto mediante la prevención de la pérdida de la salud, el control de riesgos y la adaptación del trabajo a las personas y de los individuos a sus labores.

En este orden de ideas, son de conocimiento público todas las medidas higiénicas de prevención dadas por la autoridad sanitaria y los salubristas a la población en general, para combatir el ingreso de este virus a nuestro organismo. Términos y siglas de uso frecuente en la disciplina de la prevención de riesgo se han destacado e incorporado a nuestra cotidianidad, por citar solo un ejemplo está la recomendación de uso de los “EPP”, que son los Elementos de Protección Personal.
En estos últimos, sobresale el uso de mascarilla con filtro N95, el cual es un dispositivo usado para proporcionar al personal clínico una barrera de contención primaria contra agentes infecciosos. La abreviatura indica que cumple con el estándar N95 del Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH en inglés) de los Estados Unidos, filtrando hasta un 95% de partículas aéreas.

En la perspectiva de la Higiene y Salud Ocupacional, deseo relevar a un primer plano la labor heroica de las trabajadoras y trabajadores de la salud de nuestro país, los cuales merecen todo nuestro reconocimiento y agradecimiento por su valentía y abnegada labor salvando vidas y previniendo que más personas se enfermen.

Para estas destacadas y destacados trabajadores, van estas medidas generales de higiene ocupacional para ayudarles a minimizar el riesgo de contagio (Fuente, Sociedad Chilena de Medicina del Trabajo, SOCHMET):

– Educación de trabajadores. Todo el personal sanitario debe tener claridad acerca de:
1. Definición de caso sospechoso.
2. Definición de contacto.
3. Acciones a seguir frente a cada caso.
4. Protección para la atención de público.
5. Medidas personales y colectivas de protección y prevención.

– Información oportuna, precisa y transparente acerca de la evolución de la pandemia en cada centro o local de trabajo.

– Canales de comunicación expeditos y ágiles.

– Apartar del trabajo a personal sanitario que cumple criterios de caso sospechoso o contacto.

– Apartar del trabajo a personal sanitario de riesgo, sin sospecha de COVID-19. Adultos mayores, enfermos crónicos, en tratamientos inmunosupresores y embarazadas.

– Reforzar prácticas de higiene.

– Tamizaje de síntomas de sospecha antes de ingresar.

– Implementar medidas de ingeniería de prevención de riesgos para los flujos de personas con sospecha de cuadro respiratorio, como por ejemplo, pasillos de tránsito segregados y clínicas de fiebre.

– Implementar medidas de ingeniería para flujo de material contaminado.

– Aseo y desinfección de las áreas de tránsito, descanso, espera y atención de público regular y frecuente, de acuerdo a protocolos.
– Reforzar e implementar prácticas de distanciamiento social al interior de los centros asistenciales:
1. Alimentación en turnos separados.
2. Reuniones breves.
3. Privilegiar toma de decisiones a través de medios electrónicos y plataformas virtuales en vez de papelería y reuniones presenciales.
4. Reducir necesidad de contacto con objetos en procesos administrativos; por ejemplo, reducir el número de pasos/estaciones en movimiento de documentos.
5. Reducir al mínimo necesario el ingreso de público general al centro de salud, como pasantes, voluntariado, visitadores, familiares y acompañantes de pacientes.

Finalmente, es necesario agregar un tema muy importante para estas trabajadoras y trabajadores en la perspectiva de la prevención de riesgos ocupacionales, como lo es la salud mental en el personal sanitario. La incertidumbre, el estrés que conlleva las dificultades en la atención médica durante un brote epidémico como el Coronavirus (COVID-19), exige una especial atención a las necesidades de apoyo emocional del personal de la salud.

Cuidarse a sí mismo y animar a otros a auto cuidarse mantiene la capacidad de velar por los pacientes. Estas medidas preventivas de salud mental deben proyectarse aun pasada la crisis, teniendo en consideración los efectos post traumáticos que esta pandemia seguramente significará en su contexto personal y laboral.