La Sociedad es primera

Felipe Martínez Reyes, candidato a la Convención Constitucional por el distrito 22, Araucanía norte.

La actual discusión constitucional respecto a la incorporación de más derechos sociales en la carta magna, experimenta la mayor parte del tiempo el olvido de un factor decidor y de gran relevancia: ¿cuál es el rol de la sociedad para satisfacer tales derechos?

Es decir, no todos los derechos que figuran en el texto constitucional son otorgados por el Estado. El derecho a la vida, por ejemplo, no lo puede otorgar ninguna administración o gestión pública, éste se da sólo mediante la interacción de dos personas. El derecho a la salud, puede ser provisto tanto por el Estado como por privados, lo mismo en cuanto a educación.

Por ello, no es de real importancia la cantidad de derechos sociales que figuren en la nueva constitución, ya que éstos no necesariamente deberán ser provistos por los organismos gubernamentales, sino que la sociedad en general también juega un rol importante, a nuestro criterio, el más importante.

Es la sociedad -es decir todos los ciudadanos del país- quien debe progresar económicamente, para que el Estado sea capaz de brindar servicios y bienes de calidad. Si el trabajo es escaso y por tanto los sueldos son bajos, no se logrará una gran recaudación fiscal para brindar salud eficiente. Por ello, la sociedad es primera, antes que el Estado, en el progreso de las naciones.

Se requiere fomentar el empleo, la libertad de empresa, así como, la proliferación de organizaciones sociales, libertad de culto, para que la sociedad sea fuerte. Sin valores prosociales no es posible vivir en comunidad. Sin progreso económico no se puede superar la pobreza. Se requieren ambas cosas en conjunto, las que en absoluto podrá propinar el Estado. Así como el Estado no puede generar vida, tampoco puede generar el progreso que se produce a consecuencia de los principios morales y el desarrollo económico que se producen al interior de la sociedad. Pero si es rol del gobierno proteger a sus ciudadanos para que la riqueza pueda crearse y para que todas las personas desarrollen su proyecto de vida conforme a su propia escala de valores. Eso es progreso verdadero.

La sociedad va primero, luego, el Estado. Éste principio debe, por tanto, figurar en la nueva Carta Fundamental.