CARLOS PEÑA: “El chileno confía en su esfuerzo personal”

Rector de la Universidad Diego Portales y columnista del diario El Mercurio, es considerado hoy uno de los intelectuales más influyentes en el Chile de hoy


ENTREVISTA DE JORGE ABASOLO
Carlos Peña González (Chile, 8 de junio de 1959), es un abogado, magíster en sociología, doctor en filosofía, reconocido profesor universitario chileno conocido por sus columnas de análisis de política y contingencia.
En la actualidad es el rector de la Universidad Diego Portales, profesor asociado de la Universidad de Chile y columnista dominical del diario El Mercurio. Es uno de los directores de CIPER (Centro de Investigaciones Periodísticas) y del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. La revista Poder lo eligió como el columnista más influyente y la encuesta del diario La Segunda 80 años como el intelectual más influyente del país.
Ha colaborado en las políticas públicas relativas a los más diversos temas, pero especialmente política judicial, educativa y política indígena.

Estudió su secundaria en el Liceo de Aplicación. En 1977 ingresó a estudiar Derecho a la Pontificia Universidad Católica de Chile, terminando sus estudios en 1981 con la memoria «Política laboral en una economía social de mercado: un ensayo de interpretación», calificada con la nota máxima. También obtuvo la nota máxima en su examen de grado. Se licenció en 1983.1 El título de abogado lo obtuvo en 1987.
En 1986 ingresó al Magíster en Sociología en la Pontificia Universidad Católica de Chile, de donde egresó en 1988.1
En septiembre de 2011 obtuvo el Doctorado en Filosofía, con mención en Filosofía Moral y Política, en la Universidad de Chile con la tesis titulada «Rawls y el problema de la justificación en Filosofía política», siendo calificado con nota máxima en su defensa y en la totalidad de sus cursos y seminarios.


Carlos Peña junto a Abasolo: “Aunque parezca contradictorio, los chilenos están casa día más felices con su vida personal”.

EL PAIS, HOY
-La violencia está esperando un nuevo momento y todo indica que en cualquier minuto se desatarán las pasiones una vez más. Hasta algunos hablan del segundo gran estallido social, con narcos incluidos.

-A ver…hay que partir señalando que sin Estado, es decir, sin un conjunto de órganos que monopolicen la fuerza, y establezca el orden en las relaciones sociales, y hagan la conducta humana medianamente predecible…excluyendo la violencia de las relaciones inter-individuales, sin eso no hay democracia posible. Y este es –creo yo- el primer problema que el país está experimentando. Estamos en presencia de una fuerte crisis de orden público, en que el Estado no logra cumplir su principal misión, que consiste en expulsar la violencia de las relaciones sociales. Y así es como hemos llegado a límites intolerables de violencia. Hoy por hoy, cualquier conducta pasa a ser lícita. Le doy un ejemplo: cualquier persona que transita por Santiago puede advertir fácilmente un cierto envilecimiento del espacio público. ¨Podemos ver ahora un Santiago lleno de campamentos, ocupados con cierta displicencia, el desorden en Plaza Baquedano se ha vuelto rutina…es totalmente predecible hasta podemos predecir los horarios en que se llevarán a cabo. Y el Estado ha sido incapaz de poner orden en eso.

-¿A qué atribuye esa incapacidad del Estado, en este caso del actual gobierno?
-Hay varios factores. Tenemos el fenómeno de las barras bravas, una cierta anomia generacional, que es muy fuerte en Chile. Desde luego también está la crisis en Carabineros, específicamente en el alto mando, que es de una considerable envergadura. Todos estos factores, se suman a un Presidente de la República que tiene un temor…un pánico casi religioso de ser acusado como violador de los derechos humanos o arrastrar un cierto desaire por parte de la ciudadanía…todo esto ha hecho que hayamos llegado a la situación en que hoy día nos encontramos.

LA IZQUIERDA SIN MODELO
-Para terminar con el malestar y la rabia social, ¿no cree que Chile tiene pendiente una fecunda reforma educacional?

-Sí, pero en esto hay que irse con cuidado. Lo que pasa es que por motivos que son poco evidentes y que habría que investigar más a fondo, hemos transformado -casi sin darnos cuenta- a la educación en la causa y también en el remedio de todos los males que nos aquejan. Por ejemplo, la causa de la desigualdad sería la escuela, la causa de las segregación social sería la escuela, la causa de las conductas anómalas de los jóvenes sería la escuela, etcétera. Es decir, la causa de todo aquello que nos desazona y nos aqueja sería la escuela.
Los viejos temas de la política, la desigualdad, la distribución del ingreso, el diseño de las ciudades, cómo se distribuye el capital social y simbólico, etcétera…todo esto lo hemos reducido a una única causa: la educacional.
Ahora esto…bien mirado, es una simple estupidez.

-¿Cómo llegamos a esta especie de sofisma…o de mirada exagerada?
-Lo que yo creo es que Chile ha vivido un aceleradísimo proceso de modernización social, de mejora en las condiciones materiales de existencia de los chilenos en los últimos 25 ó 30 años. Y esta modernización tiene sus patologías, por cierto. Todas las modernizaciones tienen sus patologías. Por ejemplo, la excesiva individualización, el deterioro de los grupos primarios, el anhelo de la gente de diferenciarse unos de otros, la desaparición de los signos externos de status o cierto debilitamiento de las élites, es decir, todos estos fenómenos que la sociología describe con pormenores, los hemos vivido en Chile. Podríamos decir que se trata del revés, la cara B del proceso de modernización.

Ahora bien, como la izquierda no tiene una alternativa a este proceso de modernización capitalista, olvidando que ella misma fue la que lo impulsó, lo que hace es atribuir todas las patologías de la modernización, a la escuela. Entonces, la escuela –de una u otra manera- se ha transformado en el discurso público en Chile, en el sustituto de la carencia de proyecto político e histórico de la izquierda. Para decirlo de otra manera, Chile ha vivido y está en medio de un proceso de modernización capitalista extendido y muy exitoso. Queda claro si esto va a continuar o no después del estallido social y la pandemia.
No tenemos alternativa. Como dice un gran pensador contemporáneo: hoy es más fácil imaginar que el mundo acabe, a que acabe el capitalismo.

La izquierda entonces, incapaz de pensar un modelo alternativo, se ha dedicado a achacar y a desplazar todas las quejas contra el proceso de modernización capitalista, hacia la cuestión educativa.

-Curioso el caso chileno. Hoy la pobreza dura ha sido prácticamente erradicada y materialmente el país sigue siendo confiable a nivel planetario, lo que es reconocido por las más importantes entidades financieras de orden mundial.
No obstante, existe una sensación de hastío, un dejo de insatisfacción. Creo que el error obedece a que muchos pensaron que con los logros económicos, vendría a parejas un buen grado de felicidad;y bien sabemos que un modelo económico no tiene por qué proporcionarnos necesariamente la felicidad,

Esta sensación ambigua que produce la expansión del mercado es reflejo de cierta índole ambivalente de la Modernidad. Uno de los autores que mejor captó esta índole polivalente del dinero ha sido George Simmel…

-Cierto. Simmel advirtió que el advenimiento de una economía estrictamente monetaria, favoreció las interacciones humanas en un muy alto nivel de abstracción, con un mínimo de esfuerzo comunicativo. Mientras en una sociedad tradicional usted establece intercambios que comprometen su identidad y su memoria, en una economía puramente dineraria, usted puede entablar relaciones sociales de intercambio y de cooperación poniendo entre paréntesis el mundo de la vida al que pertenece, ocultando, a fin de cuentas, el sujeto que usted es.

-Una paradoja en el Chile de hoy es lo tocante a una cierta disociación entre la vida personal y la esfera pública. La primera dice estar satisfecha;mientras que la segunda no. La primera se declara estar feliz;y la segunda atribulada…desdichada. Es la paradoja de Chile. Es decir, los chilenos se declaran simultáneamente felices y molestos. Integrados y a la vez, insatisfechos. Adaptados y –a parejas- disconformes.

-Es un fenómeno nuevo y real. Según los resultados de muchos estudios, los chilenos están cada día más felices con su vida personal y, al mismo tiempo, más descontentos y hasta incómodos con las instituciones. La mayoría confía en su esfuerzo personal y es optimista respecto a lo que les espera. Pero, de acuerdo a esos mismos estudios, y a lo que se ve en la calle…también hay señales de malestar con las instituciones…y con razón. Entonces, la mayoría está molesta…y es al mismo tiempo feliz. Parece haber disociado su vida personal Entonces, vemos que hay una especie de desajuste entre la biografía de las personas, la manera en que ellas reconstruyen su memoria personal, y el significado que provee la estructura social.

SATISFACCION Y GOCE
-Vamos a su libro “Lo que el dinero sí puede comprar” y a propósito del tema. Lacan señala que es necesario distinguir entre la existencia biológica y la existencia subjetiva. Una cosa es la corporalidad que somos, y otra muy distinta, la conciencia que tenemos del ser que somos. Esta diferencia asoma en Lacan como una distinción entre lo real y lo simbólico. ¿No pasa por ahí el tema en lo referente al caso chileno?

-Sin duda…en el caso chileno hay mucho de eso. Para Lacan el ser humano experimentaría un anhelo permanente de satisfacción total en lo real. A ese deseo Lacan lo denominó “joussance” (goce) Sin embargo, lo real jamás puede ser satisfecho y debe ser contenido al interior de la realidad, tal como ella viene mediada por la cultura y el lenguaje.

Eso explica la paradoja del Chile de hoy.

-Respecto a la educación, se sabe que estamos al debe. Por donde pasa la llamada calidad de la educación?
-Recuerdo que cuando era ministro del ramo el señor Nicolás Eyzaguirre, yo dije que el tema no era fruto de un error, sino de un diseño deliberado…y equivocado. Por entonces, el ministro Eyzaguirre dijo que las reformas estructurales o institucionales debían anteceder a las otras reformas, como por ejemplo, la mejora de la educación pública, de la educación inicial de párvulos y desde luego, de la educación superior. Pero creo que lo que ocurrió fue que el gobierno de la época se arredró demasiado pronto a las demandas que los movimientos sociales desde el año 2011 en adelante formularon.

-¿Qué motivos llevaron a adoptar esa actitud por parte de la autoridad de la época?
-En parte por exigencias de la comunicación masiva, como por la inevitable simplificación que a veces los jóvenes hacen de este tipo de cosas. Y así fue como se redujo todo el tema educativo a la cuestión del lucro, la selección y el copago, como si en esos tres defectos radicaran los males de la educación chilena.