VOLTAIRE, MI TIA ELBA Y EL NEGACIONISMO

Recuerdo como si fuera hoy, un día del mes de noviembre de 1975. La primavera en Temuco llegaba a su fin. Las rosas que habitaban en la ladera del canal Gabriela Mistral nos entregaban un bello espectáculo con sus intensos colores rojos, los mismos que adornaban nuestra capilla para conmemorar el mes de María.

Dentro de esos años, para un pequeño de 6 años, la vida era un descubrimiento y todo se acumulaba en nuestros pensamientos. Extraño fue para mi ver llegar un día de noviembre un taxi a nuestra casa. Era un Peugeot 404, todo de negro, pero con el techo amarillo. Por dentro tenia unos asientos muy grandes. El cuero, sumado al olor a cigarro y el volante gigante con su entorno de madera lo convertían en una gran máquina para nosotros.

Ese taxi traía a mi tía Elba que vivía en Padre las Casas. Se veía preocupada y triste a la vez. Bajó del vehículo sus maletas y un cajón de madera que se usaba en esos tiempos para guardar la ropa. Recuerdo que se quedo a dormir con nosotros en la pieza que compartía con mi hermano. Patricio, mi hermano y yo dormiríamos en mi cama y le prestaríamos a mi tía la otra para que descansara.

Me sorprendió el cajón. Era de madera noble, de un aroma fuerte y un poco picante, tenía una cerradura y obviamente debería tener una llave para abrirla. Logramos descubrir lo que había en su interior antes de irnos a dormir. Muchas revistas, cuadernos, pocas fotos y mucho material de peluquería. Ese cajón de madera con llave nos acompañó por muchos años y fue guardando todos los recuerdo familiares.
A las 2.30 AM nos despertamos para despedir a nuestra tía que viajaba a Argentina. Tenía que ir a tomar el bus IGI Llaima con salida a las 04:00 AM desde el sector de la estación. La despedida fue muy triste. Como niños no entendimos muy bien que estaba sucediendo.

Con el pasar de los años comprendimos que nuestra tía Elba tuvo de viajar a Argentina dado que una persona, con la que sostenía una relación, era buscada por los agentes del Estado. Mi tía, al igual que muchas personas debieron salir del país por pensar diferente y por el temor a ser asesinados, torturados o desaparecidos.

Para Kant, el respeto es un fin moral que se logra a través del imperativo categórico, donde la búsqueda de una voluntad buena está basada en el respeto por las personas y su valoración como medios y fines. Para Aristóteles, la libertad reconoce a la persona la capacidad para decidir libremente y de manera racional frente a una amplia gama de opciones previamente ofrecidas, incluso, la facultad de actuar según la decisión que haya tomado. Para Voltaire, la tolerancia es un derecho natural y humano. Su clave consiste en el principio: “No hagas lo que no quisieras que te hagan”.

El avance en la comisión de ética de la Convención Constituyente en relación con el “negacionismo” no debería perder de vista el Respeto, la Libertad y la Tolerancia. Una sociedad que reconoce y corrige sus errores avanza hacia el futuro con un próspero devenir.