PATRICIO MANNS Y SUS ACTIVIDADES SILENCIOSAS

Por André Jouffé

-Desde la política hasta ser un promisorio arquero.

Curiosamente llegué a Iván Patricio Eugenio Manns de Folliot mucho antes de conocerlo personalmente. Ocurrió a mediados de los ochenta cuando residía en Trez Vella, un pueblito en Echeveneux, en la frontera franco-suiza.

La razón de este lugar de exilio radicaba en que su segunda esposa desde 1983, la psicóloga argentina Alejandra Lastra, trabajaba en una de las sedes de la ONU en Ginebra. La vida en Francia era menos onerosa que en la Confederación Helvética, de manera que todas las mañanas viajaba a la ciudad costera del lago Leman a sus labores.

Bromeaba que a veces encerraba a Patricio en el segundo piso, para que no saliera a darse una canita al aire. Es más, Alejandra contaba que un día lo dejó en una pieza con llave en el segundo piso y Patricio saltó por la ventana y casi se quiebra una pierna.

Pese a la seriedad de las actividades de ambos, tenían un gran sentido del humor.

Cuando quise entrevistar a Sergio Buschmann recién exiliado en Suecia, el Partido Comunista se encargó de realizar los enlaces necesarios y estos pasaron inevitablemente por Manns, que colaboraba sin alarde con la oposición e incluso muy tarde se refirió a su rol en el atentado a Pinochet.

El día en que aterricé en Estocolmo por segunda vez, la previa fue para entrevistar a Olof Palme ocho o nueve años antes, en inmigración me topo con la noticia de a reimposición de la visa para chilenos. Afortunadamente Buschmann intervino y mostró mi ticket de regreso que era para 24 horas después. Con el actor mantuve años antes un lazo más bien periodístico provocado por un rol que interpretó en una obra de Bertold Brecht, exhibida en el Educares (cuyo director-propietario era el padre de la Ministra Gloria Hut). Durante la obra pese a su voluminosa humanidad, Buschmann ejecuta una rueda, lo cual me impresionó mucho. Más que, cuando a la salida al subir al vehículo veo a un hombre con un jockey, pienso que es el cuidador y le ofrezco propina. Craso error, se trataba del señor Hut.

Ceviche de almuerzo con unos chilenos exiliados en la capital sueca, luego un largo paseo, era primavera, durante el cual Buschmann me cuenta su vida política y como escapa del penal de Valparaíso.

En mi opinión sin ayuda externa imposible, Buschmann insistía en que había saltado el muro. Lo visité tiempo después y me pareció misión imposible.
Pero lamentaba los aprietos en que puso a los gendarmes.

Le supliqué que me repitiera la rueda que vi en el Educares y Sergio comentó: “Lamentablemente con los apremios y los kilos, ya no puedo darte en el gusto.
En los frecuentes viajes de Manns a Paris, salimos muchas veces y acompañé a la delegación chilena invitada al encuentro de los Asombrosos Viajeros, a Saint Malo organizado por Michel le Bris. La integraban entre otros, don Francisco Coloane- estrella absoluta de los lugareños- Luis Sepúlveda, Jodorowsky, Volodia y Manns. Fue entonces cuando conversamos duro y parejo más que nada sobre su vida personal, su hijo ejecutado post 11 en Concepción y que Alejandra a veces le oficiaba de terapeuta.

La tolerancia al alcohol era similar a la de Yeltsin pero jamás se le subía a la cabeza. Una mañana lo encontré temprano-por encargo de Alejandra para sacarlo de ahí-, en un bistró en el puerto bretón y entre otras cosas emitió un comentario sobre el género de Víctor Jara lo cual provocó serios problemas. Ni Manns y el suscrito aquilatamos el escándalo sobre el cual echaron rápidamente paños fríos en Chile. Incluso los diarios de derecha minimizaron el tema.

Manns anhelaba potenciar su talento literario y que no lo encasillaran como cantautor. Y la calidad de su obra le valió traducciones a varios idiomas, pero en Chile curiosamente tuvo menos repercusión que en el exterior.

Manns mantenía un riguroso silencio sobre sus actividades políticas y en consecuencia incluso recién fallecido, salieron a la luz sus intervenciones de todo tipo, desde la pacífica hasta la armada cuando hubo orden de hacerlo.

En Punta Arenas en el año 2012 en la feria del Libro Dinko Pavlov, fue su última aparición por la Patagonia de su querido amigo Coloane.

Podría relatar muchos otros aspectos de Manns pero uno de ellos fue confirmado por viejos cracks de la Universidad de Chile. Muy joven fue un gran arquero y quiso demostrar a Luis Álamos sus atributos bajo los tres palos. Atajó en forma consecutiva cinco penales, disparados por Leonel Sánchez, Rubén Marcos, Ernesto Álvarez, Carlos Campos y Braulio Musso. Esta gracia, relatada ante un público literario, puso nervioso al alcalde de ese momento, el cantagoles Vladimiro Mimica, que en su calidad de moderador lo devolvió hacia las aguas de las fusas y semifusas y la temática de su obra literaria.

La tolerancia física de Manns a la vida bohemia no pudo con dos enfermedades casi simultáneas: el covid y la viudez. Pero sus más de ocho décadas fueron intensas y más de entrega que de recepción.